Hijos, no seáis obedientes

lucia del castillo

Hola a todas, me llamo Lucía del Castillo.

Vengo a compartir con vosotras un gran experimento y una pequeña reflexión que nos ayudará a ver la educación de nuestros hijos desde otra perspectiva.

Antes, quiero dar la gracias a Patricia por darme la oportunidad de estar aquí con vosotras y poder compartir estos pensamientos y conocimientos con mujeres interesadas en dar lo mejor de ellas mismas y en criar a sus hijos con respeto y ternura.

Quizás os sorprenda escuchar a una madre decir que no quiere que sus hijos sean obedientes, lo digo por el título del post, pero cuando terminéis de leerlo puede que penséis de otra manera.

El experimento

Cuando estaba estudiando la carrera de psicología nos mostraron un vídeo sobre un famoso experimento de los años sesenta. El autor fue Stanley Milgram, un psicólogo estadounidense que investigaba sobre la psicología social.

Stanley decidió hacer un experimento para intentar responder a la pregunta de ¿Por qué personas normales y corrientes habían sido capaces de llevar a cabo atrocidades como las sucedidas en el holocausto nazi?

experimento Lucia del Castillo

Milgram, en su momento, realizó un experimento que yo os voy a contar a modo de historia.

“Era un lunes por la mañana cualquiera y nuestro amigo Pepe (el protagonista de nuestra historia y sujeto al que se le hará la prueba) se levantó temprano, se aseó y se fue a desayunar al bar de la esquina.

Cuando se estaba tomando su café calentito y leyendo el periódico, vio un anuncio que decía lo siguiente: “Buscamos personas interesadas en participar en un experimento, se le pagará a cambio de su asistencia”

Y Pepe decidió ir.

Al día siguiente se plantó en el laboratorio con sus mejores galas.

En la sala de espera se encontraba Antonio, que también iba a participar en el experimento.

Esperaron unos minutos en la sala, mientras que los llamaban para entrar.

Una vez dentro se les presentó el doctor Ramos, y les explicó la prueba:

Doctor Ramos – “Buenos días señores, Voy a explicarles la prueba y comenzamos cuanto antes.

Consiste en lo siguiente: Uno de ustedes será el profesor y el otro el alumno.

El profesor hará una serie de preguntas sobre lenguaje al alumno. Si el alumno se equivoca, recibirá una pequeña descarga por parte del profesor.

Esta pequeña descarga irá aumentando con cada error que cometa el alumno.”

Tanto Pepe como Antonio dijeron que sí, que querían participar.

Les pasaron un bote con dos papelitos doblados para que cada uno cogiera y ver a quien le tocaba ser profesor y a quien alumno de manera azarosa.

A Pepe le tocó ser profesor, así que él sería el encargado de dar las descargas y pasar la pruebas.

Comienzan y Pepe le dice la primera pregunta a Antonio. Era muy fácil y acertó.

Le dice la siguiente pregunta, que también era fácil, pero esta vez se confunde. Entonces pepe mira al doctor Ramos y este le hace un gesto para que le dé la descarga.

Sigue haciéndole preguntas, pero a Antonio parece que la descarga le ha distraído, porque ahora no acierta. Así que, cada vez que se confunde Pepe le da una descarga, pero aumentando la potencia.

Pasados los 200 voltios, Antonio empieza a protestar y decir que ya le está doliendo.

Pepe mira al doctor y este le dice que prosiga.

Le hace la siguiente pregunta y Antonio se equivoca. Ya no puede más y pide a Pepe que por favor ya no le dé más descargas.

Pepe se lo dice al doctor, pero este le dice que siga, que así es el experimento.

Entonces Antonio llora y pide que por favor lo dejen, que se está mareando.

Pero el doctor le hace un gesto a Pepe para que siga y este sigue.

La máquina está a la potencia máxima de voltajes y Antonio no para de llorar diciendo que le hacen daño y que lo suelten, que sufre del corazón.

Pepe le dice al doctor que él no quiere seguir, que no quiere ser el responsable de lo que le pueda ocurrir a Antonio.

Entonces el doctor le dice que no se preocupe, que el responsable de todo es él (el doctor) y que Pepe solo se preocupe de dar las descargas y hacer preguntas.

Le hace otra pregunta y Antonio se equivoca. Entonces le da la descarga en su máxima potencia, por lo que Antonio se desmaya.

El doctor le anima a seguir y, estando Antonio desmayado. Pepe vuelve a hacer dos preguntas más y termina dando dos descargas más a Antonio.”

Impactante ¿no crees?

Tranquila, se trata de un experimento trucado en el que participan tres personas, el experimentador (el doctor Ramos), el alumno (Antonio) y el maestro (Pepe).

El experimentador es quien guía el experimento, el alumno es un cómplice y el maestro es la persona a quien se le realiza el experimento (es el sujeto de estudio).

Todo es una situación simulada, el maestro (Pepe) creerá que le está dando las descargas al alumno y este simulará los gritos y quejas propios de la situación.

Cuando el maestro se niega a seguir dando las descargas, al oír las palabras de sufrimiento y malestar del alumno, el experimentador (el doctor Ramos) entra en juego y, con diferentes frases, insiste al maestro para que continúe con las descargas.

El experimento termina cuando el maestro se planta y decide no dar más descargas o bien, cuando realiza una descarga al alumno de 450 voltios (máxima potencia del experimento) en tres ocasiones.

Los resultados fueron impactantes, el 65% de los maestros aplicaron un voltaje de 450 a sus alumnos a pesar de saber que esto les podría causar daños graves o incluso la muerte. Además, ningún participante paró antes de los 300 voltios, momento en el que el alumno dejaba de dar señales de vida (siempre dentro de la actuación simulada que hacía el mismo).

Después de ver lo ocurrido en el experimento, Milgram elaboró dos teorías complementarias para interpretar estos resultados:

La primera de ellas es la teoría del conformismo, que explica cómo una persona que no tiene las habilidades necesarias para tomar una determinada decisión, transferirá esta al grupo y su jerarquía. De este modo el grupo pasa a ser un modelo a seguir, lo que haga el grupo será lo que hará el individuo.

La segunda es la teoría de la codificación, en la que Milgram expresa que la obediencia ciega se produce en el momento en el que el individuo se considera un mero instrumento y por lo tanto no es responsable de sus actos. La responsabilidad la refleja en la persona que le está dando las órdenes.

Esto explicaría cómo en situaciones de guerra o similares existen individuos capaces de agredir a personas inocentes y desarmadas, sin plantearse que ellos son responsables de sus propios actos.

¿Cómo podemos relacionar ésto con nuestros hijos?

Hoy en día vivimos en una sociedad llena de estereotipos, de modas, de una constante clasificación de las personas…

Todo esto es causa de inseguridades y, de que muchas personas vivan sometidas al “qué dirán” y al querer “encajar” en el grupo.

Además, ésto se incrementa mucho más cuando la personalidad aún está en plena formación. Es entonces cuando es más fácil ser moldeado. Esto ocurre especialmente en los niños y jóvenes.

Por lo tanto, no es de extrañar que con frecuencia se dejen llevar por lo que piensa la mayoría, por lo que el grupo va determinando e incluso por los que consideran superiores (o líderes del grupo).

 Se llega a opinar y realizar conductas de las que no se está muy convencido, por el simple hecho de seguir formando parte del grupo.

También, suele ocurrir que quien es más fiel a sus principios y opiniones, si no tiene las características de líder, será víctima de situaciones de discriminación o exclusión de los grupos.

¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos?

Valorando la individualidad y personalidad de nuestros pequeños. Nosotras somos guías de su desarrollo, nuestra misión es ayudarles a reconocer sus valores y encontrar sus habilidades.

Se trata de conseguir que tengan sus propias opiniones, pero para que esto ocurra, debemos reforzar su autoestima y enseñarles a ser críticos.

¿Cómo lo hacemos?

Mostrándoles la forma de conocerse mejor a ellos mismo, de ser conscientes de sus emociones. Deben identificarlas y aprender a gestionarlas, y para todo ello es importante nuestra ayuda.

Al conseguir este dominio de sus emociones serán capaces de controlar su reacción ante las diferentes situaciones que se den en la vida, además de afrontarlas de la mejor forma posible.

Otra cosa, sería enseñarles a comprender las emociones de los demás. Al conocer la empatía, podrán discriminar mejor que conductas quieren o no realizar a los demás y serán más propensos a ofrecer su ayuda a los otros.

¿Y si yo tampoco sé gestionar ni reconocer mis emociones?¿Cómo le enseño entonces a mi hijo?

No pasa nada, ahora que estás siendo consciente de ello es el momento de empezar.

Comienza a crecer como persona y a conocerte en profundidad. Saber cómo vamos a reaccionar o cómo podemos afrontar una determinada situación nos ayudará y aumentará nuestra confianza en nosotros mismo.

Pero, no solo eso, nuestros hijos usan lo que ven para desarrollarse ellos mismos y crecer como personitas maravillosas que son.

Por eso es importante que, tanto las madres como los padres, trabajemos en nuestro propio crecimiento y bienestar emocional, ya que somos su ejemplo a seguir.

Así que, si necesitas un apoyo para comenzar tu crecimiento como persona, mejorar tu autoestima, conseguir lo mejor de tus emociones y saber enfrentarte al estrés, te ofrezco varias opciones:

  • Pasate por mi web y comienza descargando mis guías para aumentar tu autoestima y para decir adiós a la ansiedad.

 

Guías Prácticas para Mujeres Mamás

 

  • Vente a mi tribu en facebook, donde trabajamos todas juntas en nuestro desarrollo personal. Es un grupo de mujeres-mamás dispuestas a adquirir habilidades que les ayuden a mejorar su día a día y encaminadas a dar lo mejor de sí misma.

 

https://www.facebook.com/groups/265632937302849

 

 

Lucia del Castillo

Psicóloga experta en autoestima e inteligencia emocional. Mi propósito es dar apoyo y tribu a mujeres-mamás que se sienten agobiadas y frustradas en su día a día.

Con mi ayuda consiguen mejorar su confianza en sí mismas, saber enfrentarse a situaciones difíciles y vivir de un modo feliz y coherente con sus valores.

Os espero en www.amatusemociones.es

 

 

 

2 thoughts on “Hijos, no seáis obedientes

  1. Hola Lucia! Me ha encantado el post y me ha hecho pensar mucho… formas de ser buenas madres hay muchas, pero siempre basando nuestras decisiones en el amor y el respeto ya que como bien dices son personitas maravillosas… y claro, si nos domina la ansiedad y el estrés, dificilmente podremos tomar decisiones conscientes, sino que iremos a la deriva… un saludo!

    • Hola Xenia! Soy Patricia aunque la autora del post como bien dices es Lucía. EStoy por completo de acuerdo contigo.
      Muchisimas gracias por dedicarnos un ratito de tu tiempo a leernos y a comentar.
      Un abrazo enormisimo!!

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