El parto. Lee mi historia. Tercera parte.

La matrona me quitó el propess y me hizo un nuevo tacto vaginal. Ya tenía la vagina tocada por medio hospital. Estaba dilatada 2 cm y el bebé alto. No estaba de parto, asique nada de EPIDURAL.

Al quitar el propess, los latigazos cargados de electricidad fueron cediendo poco a poco y mi cuerpo pudo descansar, aunque acompañado de contracciones.

Contracciones de parto

Sobre las 8.00 a.m. comencé a tener de nuevo contracciones de parto, el dolor era una opresión en la parte baja del vientre con un fondo doloroso en el riñón, como de menstruación. Me sentía bien, era como si mi cuerpo reconociese ese dolor y reaccionase ante él. Parecía que me gustaba y todo. Si quieres leer esta historia desde el pricipio pincha aqui

Ya eran las 11.00 a.m. y llamé a la matrona. Sentía una presión en la vulva como si de ahí fuese a salir King-Kong. Mientras llegaba, yo seguía haciendo mis ejercicios sobre la pelota para parto y concentrándome en mi sopa de letras. Al llegar la susodicha me dijo:

– No debe de ser tanta la presión, que se te ve muy buena cara. (Con tono de recochineo)

Ahora, los extraños también podían opinar sobre mi dolor y mi vulva. Finalmente me hizo un tacto vaginal, su cara fue un poema.

– Estás dilatada 6 cm, el bebé sigue alto. Te bajamos a una habitación de dilatación. El parto ya empezó.

Te lo había dicho…si me escucharas…

Si es que yo no soy de quejarme. En la habitación pedí moverme y me trajeron un test basal wifi (que yo no sabía que existían) y mi pelota para parto. A los 10 minutos llegó la señorita anestesista.

-Es hora de ponerte la epidural

-No gracias, me encuentro bien.

-Después quizás no tengas sitio, o tengas que esperar.

-Gracias, me arriesgaré

-Tú veras lo que haces

¿Pero porque me hablaban así? ¿Es que yo les había hecho algo?

Mi calvario había empezado

Otros 10 minutos y otra visita. Se ve que les interesaba e tema. Ginecóloga y matrona me hicieron otro tacto vaginal. Faltaban 2 cm para la dilatación completa y el parto.

Me dicen:

  • Patricia, tienes que ponerte la epidural ya. (voz de señorita Roten Meyer)
  • No quiero, gracias
  • Tú no puedes parir así.
  • ¿Por qué?
  • El bebé está alto y eres
  • Si está alto, ya bajará.
  • Además es un bebé muy grande, no sigas con esto.

 

El trato hacia mí era de madre sobreprotectora que decide por su hija, me sentía hasta pueril. La cara de mi pareja parecía sacada de un cuadro de  Edvard Munch (el grito) cuando miraba a aquellas mujeres en la habitación. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué insistían tanto con la epidural?

Regresaron de nuevo mis visitas, esta vez venían más, pero no trajeron las pastas del té. Aquel asalto lo tenía perdido de antemano, eran demasiadas. La ginecóloga, la matrona, la anestesista y otra que pasaba por allí, se ve que también quiso entrar.

Y te pones la epidural porque lo digo yo!

 

  • Patricia, tienes que ponerte la epidural El niño que esperas es muy grande y tú sola no puedes parir.
  • ¿Cuánto me falta para el parto?
  • No lo sabemos, quizá 1 hora quizá 5 horas. Eso no se sabe. No sabemos porque te empeñas en sufrir.

El dolor era intenso, el cansancio y el hambre tampoco me ayudaban. Por otra parte la preocupación de mi compañero empezaba a afectarme. ¿Realmente yo no podía parir? ¿El bebé era tan grande? ¿Tendrían que hacerme una cesárea?

La insistencia del personal médico y sus respuestas siempre negativas incrementaron mi miedo, y finalmente cedí a la EPIDURAL.

Era la 13.00 p.m., me llevaron a una estancia y mientras me ponían la epidural tuve que escuchar entre contracción y contracción la conversación que más necesitaba en ese momento:

  • Las de siempre, estas que quieren parir sin epidural y al final vienen a última hora. No tendría que ponérsela.

Aún por encima…

Yo no daba crédito a lo que escuchaba. Estaban hablando con una frialdad total y ni si quiera les importaba que yo estuviese allí. Ellas habían insistido en ponérmela.

Tras dejarme postrada en una camilla en la habitación y sin poder volver a moverme en lo que quedaba para parir, mi trabajo de parto se paralizó. Dejé de dilatar. Así, como quien deja las patatas a medio guisar.

Frente a esta nueva situación los sanitarios actuaron cual superhéroe de película. Entraron en la habitación y…

  • Vamos a romperte la bolsa amniótica para acelerar el parto.

Así fue, la rompieron sin más explicación. Aquello parecía un tsunami, tuvieron que cambiar la cama y hasta sus batas, ya sabéis que me las gasto gordas. Pero como eso era poco, a los 20 minutos OXITOCINA!!! Yuju!! Aquello era la mayor fiesta medicamentaria que había visto.

Los dolores de las contracciones me estaban rompiendo el bajo vientre y la vulva, con la oxitocina habían cogido impulso. La pierna derecha se había dormido de tal manera que no podía moverla por mí misma, ESTABA COMO MUERTA, era un títere sin cuerdas. Yo hablaba con la matrona por mi intenso dolor, ella solo se acercaba y me pulsaba para que saliera más anestesia epidural.

Me recolocaron la vía de entrada de la epidural, pero los dolores seguían fortísimos y la pierna boba. Tanta epidural me entró, que en poco tiempo comencé a temblar y sudar en frío, ¿tenía el mono? Mi temperatura se elevó a 39º y mis escalofríos retemblaban por todo el cuerpo.

¿Quieres saber más sobre los efectos secundarios de la epidural? desde el PARTO EL NUESTRO te lo explican aquí.

Llegaron más visitas, aquello parecía Gran Vía en plena hora punta. Primero la anestesista a pedir disculpas, se ve que le corroía el sentimiento de culpa. Luego matrona y ginecóloga me hicieron abrir de piernas, me pasaron la pierna tonta y me pusieron a pujar. Claramente cuando ellas me indicaban y como ellas decían. ¿Para que escuchar a mi cuerpo teniéndolas a ellas?

-¡Enhorabuena! ¡Empujas fenomenal! – me dicen las tías.

Mi cara estallaba de calor y esta vez no era por la fiebre. Con los pujos dirigidos, la cabeza del bebé comenzó a descender. El parto no es limpio, así que allí salió de todo, hasta mis hemorroides.

Se acercaban las 21.00 p.m. y la ginecóloga mirando el reloj me dijo:

Te pasamos a paritorio.

Se veía que se le acababa el turno. Un chorro de felicidad me invadió, iba a nacer mi hijo.

Inocente de mí, no sabía lo que me esperaba.

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Esto es de tu interés:

Soy Patricia Fondevila  madre de dos peques, casi tres, a los que adoro, ASESORA DE LACTANCIA MATERNA, BLW y PAÑALES DE TELA; EDUCADORA DE PORTEO ERGONÓMICO. Mis crianzas han sido duras y con falta de información o mala información, por ello me he formado y aprendido de mi expieriencia. Así que desde aqui, quiero apoyarte como madre en tus decisiones y acercarte toda la información de que dispongo.

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